Etiqueta: Este pequeño arte

Este pequeño arte, de Kate Briggs en Sonograma

Kate-Briggs-foto-Nienke-Terpsma

José de María Romero reseña Este pequeño arte, de Kate Briggs, en Sonograma Magazine.

Entre la lengua de origen y su fiel, si subjetiva, traslación al idioma de destino, versión y diversión terminan por fusionarse, porque “de la práctica de la traducción se pueden sacar inmensos placeres. Está el amateurismo y el no saber, la improvisación y la enseñanza, así como el empuje para alcanzar un conocimiento especializado”. En la miscelánea Este pequeño arte (Jekyll & Jill, 2020. Traducción de Rubén Martín Giráldez) la crítica anglosajona Kate Briggs se resiste a someter la práctica de la traslación literaria a ese tipo de análisis forense al que sometemos nuestros prejuicios, una intrusión “localizada en el tiempo y el espacio, y siempre determinada (…) por su tiempo y su lugar”.

Al torpe rosario de filias y fobias al que nos tienen acostumbrados los vademécums dizque letraheridos, la intérprete inglesa del semiólogo francés Roland Barthes (1915 – 1980) opone la concordancia, la convivencia, la atención, el enriquecimiento, “nuestra manera de abordarnos entre nosotros, mostrarnos afecto, apego y amor”. A la luz de una tradición ajena, un ajuste de cuentas, una traición que cuestiona sus propias motivaciones, una duda ontológica que lucha por su supervivencia, como postula el admirado autor de La chambre claire (1980), consistente en “ir donde el mundo lo lleve: ser conducido, ser arrastrado por esa palabra (…) permitirse el tambaleo”. SEGUIR LEYENDO

Kate Briggs, premio Windham-Campbell 2021



Kate-Briggs-foto-Nienke-Terpsma

 

La autora de Este pequeño arte, Kate Briggs, ha recibido el prestigioso premio Windham-Campbell 2021 en la categoría de no ficción.

«Kate Briggs is a writer and translator whose brilliant first book This Little Art (2017) defies categorization. It is at once a memoir, a treatise, and a history, considering Briggs’s own life as a translator from French to English, offering an account of the nature and stakes of translation, and presenting a history of three women translators in the twentieth century. The book articulates and refracts the many strangenesses and paradoxes of translation as a practice and an art. Translation, Briggs shows us, is both lonely and collaborative, disciplined and profoundly educational, a private devotion and a public project. It energizes and frustrates, requiring from its practitioners passion, precision, and an openness to transformation. Briggs is the translator of two volumes of Roland Barthes’s lecture notes at the Collège de France, The Preparation for the Novel (2011) and How to Live Together: Novelistic Simulations of Some Everyday Spaces(2013), and co-translator of Michel Foucault’s Introduction to Kant’s Anthropology (2008). She teaches at the Piet Zwart Institute in Rotterdam, Netherlands and is currently working on a new book: a novel-essay titled The Long Form

Enlace a la página oficial de Windham Campbell Prizes 2021

Enlace al artículo de The Guardian

Enlace al artículo de Literary Hub

Este pequeño arte de Kate Briggs en Revista Détour



Óscar Brox recomienda Este pequeño arte, de Kate Briggs, en Revista Détour:kbdetour

Hace unos días hablaba con un editor a propósito de la traducción. O, mejor dicho, de los matices que hay entre un traductor de oficio y otro, escritor, que se acerca de tanto en tanto a la traducción. Pero, ¿los hay? Tal vez, si lo enfocamos como una cuestión de volumen y trabajo. O de vicios y métodos. Y lo cierto es que no estoy muy seguro de todo esto. Hablamos de cómo suena una traducción, de la frescura o la espesura de un texto u otro según quién está detrás de su versión. Y pensé un poco en aquello que decía Miguel Martínez-Lage de que cada generación debe hacer su propia traducción de los clásicos. No sé si se trata de adaptarlos al tiempo; en todo caso, dejarles respirar. Quitarles el polvo. Hacer un poco de genealogía. Observar. Estar atento.

Diría que Este pequeño arte trata sobre eso: estar atento. Trabajar con las palabras, pero también pensar cómo trabajamos con esas palabras. ¿Cuál es el lugar del traductor en ese proceso que es la escritura de una obra? ¿Ser meticuloso? Puede ser. ¿Ponerse en la piel del autor a traducir? Claro. O reconstruir. Volver a andar. Reescribir y rearmar. Insuflar unas cuantas bocanadas de aliento a un texto que está, pero que todavía no está. Que no está hasta que no se produce esa identificación, cuando otras palabras comienzan a escribir una novela, un ensayo, cualquier obra ya escrita.  SEGUIR LEYENDO

Ricardo Menéndez Salmón reseña Este pequeño arte de Kate Briggs



Ricardo Menéndez Salmón reseña Este pequeño arte  de Kate Briggs en el suplemento Cultura del diario La Nueva España:

129715889_3576066559140641_7425417934318231921_o

Este pequeño arte 

La reflexión, cerebral y romántica a la vez, de Kate Briggs sobre la tarea del traductor

RICARDO MENÉNDEZ SALMÓN

Si en literatura, siendo sinceros, a menudo nada resulta tan irreal como el realismo de ayer, dicha prevención cobra especial relevancia cuando hablamos de la traducción. En efecto, ninguna actividad literaria parece tan sujeta a mudanza como la del traductor. Walter Benjamin, alguien que hizo de la experiencia de lo extranjero tanto una razón de vida como una estrategia intelectual, advirtió esa falla cuando apuntó en La tarea del traductor: “Mientras la palabra del escritor sobrevive en el idioma de éste, la mejor traducción está destinada a diluirse una y otra vez en el desarrollo de su propia lengua y a perecer como consecuencia de esta evolución”. Por si no tuviera bastante con enfrentarse a la soberanía del texto ajeno, el traductor debe vérselas con la caducidad de su tarea, expuesta como pocas a la plasticidad de la lengua de recepción y a la sensibilidad cambiante de sus usuarios. El original es un mármol inquebrantable, protegido paradójicamente por su fecha de creación, mientras que sus sucesivas puestas al día obligan al traductor a equilibrios formidables. Pensemos por un momento, como un ejemplo entre miles, en la distancia que media entre la traducción de Rimbaud al español realizada en 1954 por Cintio Vitier y las propuestas por Miguel Casado y Eduardo Moga en fechas recientes. El viaje es tan largo como el que media entre las Ardenas donde el genio nace y el Yemen donde su voz se oculta y apaga.

Kate Briggs, traductora al inglés de Roland Barthes, lanza en Este pequeño arte una singularísima mirada a las aventuras de la traducción, a propósito de sus límites y certezas, en torno a sus expedientes satisfechos y sus cuitas inagotables. Lo hace valiéndose de herramientas características del espíritu barthesiano (elogio de la delicadeza, cuestionamiento de la autoridad, desviación y reformulación del canon) para urdir un bellísimo libro que, sin dejar de ser un ensayo, se lee con la emoción de una autobiografía y con el hechizo de una novela. La clave de tan feliz centauro, su encanto y fascinación, radica en la capacidad de Briggs para explorar con inteligencia, pero también con pasión, las estancias de su tarea. Libro cerebral y al tiempo casi romántico, nacido de las miles de horas de trabajo de la traductora y a la vez de la devoción de una lectora que emprende sus excursiones textuales sin buscar otra recompensa que el propio viaje, Este pequeño arte es un homenaje a la literatura y a tres de sus provincias mayores, la lectura, la escritura y la traducción, inextricables en ocasiones, estancas otras veces, de pronto inefables, puntualmente iluminadoras, opacas a menudo incluso para quienes más y mejor las cortejan. Pues al fin y al cabo, como Briggs anuncia amparándose en el magisterio de su admirado Barthes, la literatura es esa “preciosa indirección” que obra el misterio de que el conjunto del conocimiento, tan falible como infinito, se dé, como por ensalmo, en esa concreción intransigente e irreductible que es el monumento literario.

Este pequeño arte de Kate Briggs en el programa La torre de Babel

Ana Segura recomienda Este pequeño arte, de Kate Briggs, en el programa La torre de Babel (Aragón radio). Lectura de fragmentos del libro por Eva Castillero y entrevista a Antonio Jiménez Morato, traductor y director de la revista PenúltiMa:

«Mucho hemos hablado en La torre de Babel de la importancia del traductor, esa figura que traduce adapta, interpreta, que tiene en sus manos el poder cambiar las lenguas sin perder por supuesto el significado, pero también el ritmo de un texto, su intención, la forma. También hemos declarado nuestro amor incondicional a aquellos que mediante antologías o estudios interpretativos nos permiten conocer nuevos nombres a los que seguir la pista o entender lo que se oculta en planos sucesivos que se esconden en los textos. Hoy hablamos de traducción e interpretación con dos proyectos que nacen en dos editoriales aragonesas inclasificables, con vocación global, por los temas que abordan, por las autoras y por su indudable interéa. ‘Ese pequeño arte’, de Kate Briggs, y ‘Camino de Sardes’, de Clara JanLTDBés.Jekyll & Jill publica el primero, un ensayo de Briggs, traducido por Rubén Martín Giráldez que es una auténtica delicia. Una reflexión sobre el oficio del traductor, sus motivaciones y su responsabilidad que también podría leerse como una novela sobre el oficio de la traducción.Libros del Innombrable publica ‘Camino de Sardes’, una reflexión que parte de la poesía nórdica para llegar mucho más lejos, y Clara Janés pública gracias al trabajo previo de aquellos que tradujeron para nosotros los versos de los bardos del norte.»

Escuchar programa

Este pequeño arte de Kate Briggs en el podcast de Pliego Suelto


Santiago García Tirado recomienda Este pequeño arte, de Kate Briggs, en el podcast de Pliego Suelto:
«Kate Briggs es traductora. Kate Briggs piensa en voz alta en lo que significa que, por ejemplo, Thomas Mann insista en La Montaña mágica en que está hablando en alemán, pero un alemán que llega a un lector en español o en inglés con la certeza de que sigue siendo alemán, pese a que se lee en castellano o en inglés. Dirá también que la traducción reafirma lo literario de la novela en su lengua oriestepequenoarteginal, y que ese descoyuntamiento de las palabras originales cuando pasan a otro idioma refuerza la apuesta estética que es la obra original. Este pequeño arte, que publica Jekyll & Jill, es también un acercamiento al hecho literario desde la aportación impagable que hace desde su sombra la traductora, el traductor. Todo un ejercicio de disección en vivo y en directo del concepto de autor, la función de intérprete que corresponde a la persona que lee, y de cómo traductor y lector se confabulan en la ilusión de que el narrador resucita cada vez que se abre la página de un libro. No son un obstáculo ni los siglos de por medio ni las interferencias que supone la nueva sintaxis, la inexacta nueva semántica. Este pequeño arte es un título comedido. En el interior se ve que estamos frente a un arte de grandes dimensiones. Un libro que desde ya debería ser referencia en los estudios de Traducción e Interpretación.»
Escuchar podcast (a partir del minuto 9:56)

Entrevista a Rubén Martín Giráldez


Esther Peñas entrevista a Rubén Martín Giráldez con motivo de su traducción del ensayo Este pequeño arte, de Kate Briggs (Jekyll & Jill, 2020), en Solidaridad Digital:

«Jekyll & Jill ha publicado uno de los ensayos más suculentos y luminosos de este annus horribilis, un texto que reflexiona sobre el arte del matute lingüístico, sobre el oficio de la alquimia semántica, la traducción. Este pequeño arte, de Kate Briggs, que tradujo a uno de los tipos más hondos en su pensamiento, Roland Barthes. Pero, ¿qué sucede en la traducción cuando lo que se traduce en un texto que habla sobre eso mismo? Hemos conversado con Rubén Martínez Giráldez, encargado de trasvasar al castellano esta celebración de contenido.  

Traducir un texto sobre la traducción, ¿no resulta un tanto inquietante?

A mí me cuesta más pensar en un texto o en una frase oída al vuelo que no estén reflexionando —aunque sea de una manera elíptica— sobre su propio desciframiento. O, más bien, que no llamen la atención sobre su cifrado. Seguramente eso explica por qué se me da mal hablar. Me parece que cada frase, incluso la que acabo de pronunciar hace un momento —«Cuando puedestepequenoarteas, ¿un café aquí fuera, por favor?»—, lleva su propio aviso de posible error del sistema. De manera que una traducción sobre traducción casi es un oasis de excusas para refocilarse en el sentido, paréntesis entre paréntesis dentro de un corchete en una nota al pie de los caballos. Aquí se puede confesar la convención, se puede hablar abiertamente de la convención, y nadie se va a escandalizar. Lo inquietante es que pasas al primer plano cuando se empieza a hablar del papel del traductor en segundo plano.

Un buen texto original, ¿resiste cualquier traducción, por pésima que sea?

Yo creo que un libro bueno se puede destruir cambiándole unas cinco palabras. En unos segundos puedes destruir la confianza del lector en que lo que hace el autor es fruto del estilo y no de una carencia, o que hay voluntad y no sólo suerte (vamos a decirlo así) en sus oraciones.

 

¿Cuánto de autoría tiene la traducción?

Al final, creo que se puede resumir diciendo que se trata de una colaboración, en sentido recto. Por citar a Briggs: «Nos llega escrito por partida doble; la segunda vez, de mano de su traductora.»

En su caso, ¿prima más el sentido general del texto frente a la exactitud del modo?

Me gusta mucho cómo lo plantea el libro echando mano de la traductora de Mann, Lowe-Porter: «[…] se espera, como de hecho sucede, que fusione materia y estilo en un todo orgánico. Las traducciones tienen que traslucir un esfuerzo parejo por parte del traductor».

Para que «este pequeño arte» funcione, ¿qué se requiere? ¿Qué cualidades ha de tener un buen traductor?

Una incomprensión casi absoluta de todo lo que no sean las palabras, a lo mejor. No lo sé; traductor o no, siempre hay que huir del aforismo. Igual eso es un aforismo, no hay escapatoria.»  Seguir leyendo

Este pequeño arte de Kate Briggs por Eric Gras



estepequenoarte

Este pequeño arte, de Kate Briggs, destacado en Quaderns, el suplemento cultural de el Periódico Mediterráneo. Reseña de Eric Gras.

La traducción, ese arte que siempre pasa desapercibido

«Difícil, en verdad, la traducción. No se sabe si tenemos el derecho a imaginar», escribía Yves Bonnefoy en Juntos todavía (Sexto Piso). No es fácil verter en otro idioma las emociones ligadas a las palabras, esas sensaciones que a través del lenguaje, de su sintaxis, morfología y demás alteraciones, están implícitamente ligadas. En Magistral (Jekyll & Jill), Rubén Martín Giráldez ya hablaba de ciertos «sabotajes» que se producen en ese proceso. Nadie mejor que él para referirse a los quehaceres «traductoriles», pues como bien remarcaba en esa obrita alocada y magistral —como su propio nombre indica—: «Todos empezamos a traducir por el mismo motivo: porque quienes se suponía que lo estaban haciendo no lo hacían, canseis de ser sexys».

Traducir es leer, y traducir es escribir, como ya dijera George Steiner. Pero existen todavía muchos vacíos en la figura del traductor, a veces un tanto demonizado como casi siempre ignorado. De eso trata Este pequeño arte, una especie de ensayo autobiográfico en el que Kate Briggs se formula cientos de cuestiones en torno a la labor, relevancia y estatus del traductor dentro del ámbito literario.

Traductora de Roland Barthes, es a partir de su «relación» con el filósofo y semiólogo francés, que Briggs profundiza en los tejemanejes de una profesión que sigue en un segundo plano dentro del ámbito literario y editorial, siendo que los traductores, en especial o más concretamente su labor, conlleva una gran responsabilidad, pues como diría César Aira: «A un traductor se le están planteando todo el tiempo los pequeños grandes problemas de la microscopía de la escritura».

Así, Briggs, con un estilo ágil no exento de erudición, expone incógnitas al tiempo que se autocuestiona y autocuestiona la valía de la traducción, que también reivindica y legitima con una profusa investigación basada en sus lecturas, a las que se aferra, de las que aprende y con las que se identifica. Dicho de otro modo, Briggs piensa, plantea dudas, ofrece algunas respuestas, y sigue dudando, sigue arguyendo en busca de alcanzar un sentido al sinsentido, dando forma a un alegato en defensa de ese «pequeño arte» como Helen Lowe-Porter definió a la traducción.

Sin perder de vista a Barthes, a su pensamiento y a sus célebres conferencias en el Collège de France, Briggs realiza una especie de soliloquio sobre el propio acto de escritura y reescritura, de las libertades de las lecturas, de las historias de algunas traductoras, con sus posturas y sentimientos; todo ello con el objetivo principal de «entenderme mejor a mí misma». Por otra parte, esta lectura es también un diálogo con la inteligencia que revela que la traducción no sólo se construye con palabras, ideas, pies métricos e imágenes, sino también con el tiempo que hace, el estado de ánimo, el silencio… E insisto, nadie mejor que Martín Giráldez para traducir esta obra que ha tenido a bien publicar Jekyll & Jill, una de nuestras editoriales fetiche, porque es quizá uno de los traductores y escritores, autor al fin y al cabo, que creo mejor comprende los dimes y diretes, o las posibilidades, del lenguaje.»

Este pequeño arte en la lista de los Mejores libros de 2020 de Courbett Magazine


courbett
Este pequeño arte, de Kate Briggs, traducción de Rubén Martín Giráldez, en la lista de los Mejores libros de 2020 de Courbett Magazine:
«Una pequeña delicia. Una absoluta exquisitez repleta de inteligencia y agudeza que mezcla una prosa bellísima con un talento magistral para los detalles. Tomando como partida su propia experiencia de traducir las notas de las conferencias de Roland Barthes, Kate Briggs nos ofrece varias historias sobre la traducción: desde las traducciones de Thomas Mann de Helen Lowe-Porter a la relación amorosa que mantuvieron André Gide y su traductora Dorothy Bussy.» Ver enlace

Este pequeño arte en Un libro al día


estepequenoarteKoldo CF reseña Este pequeño arte, de Kate Briggs, traducción de Rubén Martín Giráldez, en Un libro al día:

«¿Cuántas personas, cuánto trabajo, cuánto tiempo y desvelos hay detrás de cada uno de los libros que leemos? Parece que en los libros de historia (e historias) solo existen autor y editor – y quizá esto sea lo más normal. Al fin y al cabo, aquel es quien idea y escribe el texto y este quien lo pone a disposición del público -, pero en los últimos tiempos parece que gana en visibilidad el trabajo de una serie de personas sin las cuales la lectura sería, si no imposible, diferente. Hablamos de ilustradores, correctores y, sobre todo, traductores.

De esto trata, al menos en parte, el ensayo de la británica Kate Briggs, quien partiendo de su trabajo como traductora de una serie de conferencias de Roland Barthes y de la lectura de la edición inglesa de «La montaña mágica» (traducida por Helen Lowe-Porter) se embarca en un texto que es, al mismo tiempo, reivindicación del trabajo de traductor y cuestionamiento de este trabajo, de la escritura y de la propia lectura.

Hay que aclarar, pese a lo que pueda parecer, que este no es un texto «sesudo al uso». Así, no hay un planteamiento «académico» (por llamarlo de alguna forma), si no que Briggs se sirve de diferentes anécdotas para ilustrar la relación traductor-obra-tiempo o la asimétrica relación autor-traductor y de analogías hasta cierto punto chocantes para explicar su trabajo y algunas de las dudas que ha de afrontar en el ejercicio del mismo. Esta opción elegida por Briggs dota al texto de una frescura que de otra manera quizá no hubiese tenido y lo hace accesible a un lector interesado y no experto en la materia.»

Seguir leyendo

Este pequeño arte en El coloquio de los perros



ECD

Natalia Carbajosa reseña Este pequeño arte, de Kate Briggs, traducción de Rubén Martín Giráldez, en El coloquio de los perros:

«Todo traductor literario siente, antes o después, la tentación o la necesidad de teorizar sobre su “pequeño arte”, como muy apropiadamente reza el título de este libro. La autora, Kate Briggs, lo toma de un artículo de 1950 escrito por Helen Lowe-Porter, una de las traductoras de Thomas Mann al inglés. Lowe-Porter no concibe su labor como verdaderamente “profesional”, de ahí la elección de “pequeño”, que concuerda con la percepción —si acaso llega a ser percibida— de una tarea casi invisible. Desde dicha percepción, Briggs interpela al lector o lectora que va añadiendo autores a su lista particular —pongamos por caso Tolstoi, Kafka, Safo, Basho o Proust— sin caer en la cuenta de que, en realidad, está accediendo a sus obras mediante traducciones.

Pero resulta que esa actividad tan ínfima, tan callada, también es descrita como “arte”, y desde ahí se convierte, en palabras de Briggs, en «un camino propio hacia otras formas de escritura», esto es, en una actividad literaria en sí misma. Tal afirmación recuerda, por ejemplo, a la de Juan Manuel Rodríguez Tobal, traductor de poesía clásica al español, cuando sostiene que la traducción no es un “objeto literario” sino un “acto literario”: una «realidad activa (…) que deja en el lector un punto de partida para su particular, única y gozosa aventura de hacerse a eso que vive en la palabra.»  Seguir leyendo