Texto de presentación de «Del enebro» en Librería Cálamo, por Isidro Ferrer

Foto: Paco Goyanes

Texto que preparó Isidro Ferrer para la presentación del libro Del enebro, que tuvo lugar el sábado 2 de junio de 2012 en la librería Cálamo de Zaragoza. 

«Presento este pequeño libro que encierra un gran libro. Y es un gran libro porque está obrado con la sabiduría y el cuidado de los mejores ejemplos de edición. Contiene todas las partes necesarias e imprescindibles para que este artefacto sutil sea considerado un ejemplo de maestría y saber hacer. Un ejemplo de oficio.
Afirmo que es un libro grande porque está realizado con conocimiento de causa, y porque todas las partes que lo conforman son piezas imprescindibles de este caleidoscopio.
Comencemos desde el principio:
El libro se abre con una bellísima sobrecubierta compuesta con un refinado gusto estético y no una menos sabia composición tipográfica, donde la ilustración es parte esencial del entramado compositivo formando una cenefa que cumple una doble función: decorativa y narrativa.
La cubierta, desnuda de información nos sitúa en el relato presentando al personaje principal: el pájaro.
Doble guarda vegetal del color de las agujas del enebro. Desde la espesura del bosque nos adentramos en el libro apartando la hojarasca.
Portada, portadilla, créditos, índice, todo cumpliendo las partes de la composición clásica, y de una exquisita ejecución.
Fantástico y breve prólogo de Francisco Ferrer Lerín, escritor y experto ornitólogo, que apunta una interesantísima teoría que está por desarrollar y es la del «plagio a la inversa». Algo que acuñé hace unos años como «plagio por anticipación» cuando descubrí que el bueno de Bruno Munari había calcado una idea mía con más de 40 años de antelación.
Sigamos…
Llegamos a una parte esencial del libro y que nos da pistas de cómo ejercer de lectores de este cuento de los hermanos Grimm.
Las notas de la traducción:
La traducción, que es una suerte de reescritura y una parte fundamental de todos aquellos libros que son escritos en otra lengua y que deben pasar por este terreno de la aproximación para poder ser degustados. La traducción nos muestra el camino para poder comprender algunas partes esenciales en la construcción literaria del texto.
En la página 25 entramos en el cuerpo central del libro.
El texto está compuesto en Garamond del cuerpo 12 con un interlineado del 16 en caja centrada de 72 mm.
El texto viene acompañado de ilustración  a una, dos o tres tintas en función de la necesidad, a página completa o a doble página.
Las ilustraciones son de una sutileza y una maestría difícilmente superables. Su autora, Alejandra Acosta, es una ilustradora de recursos variables. Una ilustradora con solo siete años de ejercicio pero con más de una docena de libros sabiamente iluminados.
Ella misma dice que está en periodo de búsqueda y que el estilo, de llegar, llegará en su momento. No hay nada más sabio en esta profesión que poner obstáculos a la facilidad de la mano para repetir los gestos automáticos y adentrarse en la incómoda pero feliz búsqueda del tono, de la voz apropiada a cada texto.
Alejandra dice de si misma que vive con un pájaro que le cuenta historias… y que a veces ella las dibuja. Me gustaría conocer a este pájaro que nutre la cabeza de Alejandra de imágenes poéticas. Y que le susurra al oído los caminos por los que poner a caminar los dedos. Ella misma se dibuja con cabeza de pájaro, así que desconfío que el pájaro del que habla no sea otro que ella misma dispuesta a volar en cadas instante.
En una entrevista, ella misma dice que cuando ilustra no trabaja a partir de las palabras, sino a partir de la sensaciones que esas palabras le aportan, que se empeña en configurar una entramada poética alrededor de esas palabras.
Dice Clarice Linspector que «las palabras no tienen nada que ver con las sensaciones. Las palabras son piedras duras y las sensaciones son delicadas, fugaces, extremas».
Creo que esta forma de trabajar con las sensaciones de Alejandra le conducen al acierto de encontrar siempre el tono adecuado, el tono que corresponde a cada texto.
Las ilustraciones de este libro tienen un tono particular, un tono silencioso, misterioso, dulce y aterrador. Un tono que proviene de la renuncia, de un deseo expreso de no demostrar las habilidades del ilustrador sino de adecuar la voz gráfica a la voz de las palabras impresas para que la sintonía resultante sea una sinfonía armónica, sin estridencias ni recursos superfluos.
Las ilustraciones de Alejandra llegan allí donde el texto no puede entrar, señalando el camino de lo sensacional, la puerta abierta a las sensaciones.
Cuánto se puede decir con tan poco, y de una manera tan callada. Poco más se puede añadir.
Pero no termina aquí Del Enebro, continúa con el texto original en Plattdeutsch con una tipografía gótica negra de época, manteniendo el ancho y largo de la caja pero suprimiendo el espacio entre los puntos y aparte por un símbolo de párrafo en color rojo.
El libro se cierra con un colofón. Un colofón que cumple todas las obligaciones del colofón y que sirve de remate perfecto.
Hasta aquí sería un gran libro, pero ahora entramos en el terreno de la sorpresa, para hacer de esta edición un auténtico regalo para los sentidos. Y junto a una deliciosa y perturbadora postal en donde los autores forman parte del relato, encontramos un precioso taumatropo en el que el pájaro pone a latir su corazón delante de la mirada asombrada del manipulador.
Del Enebro celebra y recupera estos maravillosos oficios ejecutados con la mayor exquisitez y sabiduría. El oficio del escritor, el oficio del editor, el oficio del traductor, el oficio del impresor, el oficio de la ilustradora.
Solo encuentra una pequeña ausencia… el olor del enebro».

Aquí, Isidro Ferrer saca de su bolsillo una pieza de madera pulida, una rodaja de tronco de enebro, que ofrece a los asistentes para que la toquen y la huelan. Poco después se la regala a la ilustradora Alejandra Acosta. En estos momentos descansa sobre una repisa, acompañada de otros objetos curiosos y extraños, en su estudio de Santiago de Chile.