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Incertidumbre

Incertidumbre de Paco Inclán en Lee/Algo




Miguel Blasco
dedica una excelente reseña al libro Incertidumbre, de Paco Inclán, en Lee/Algo.

El arte de reírse de uno mismo

Tuve el placer de conocer a Paco Inclán la semana pasada en un acto organizado por la Biblioteca Municipal de Valencia en el que ejerció de performático lector de sus propias narraciones y consiguió arrancar carcajadas y aplausos unánimes entre todos los presentes. Decidí, pues, que era momento de adquirir su último libro y fue una inversión a todas luces acertada: las carcajadas y el aplauso han proseguido durante toda su lectura sin bajar ni un instante el tono ni la intensidad, por lo que ubicaría Incertidumbre directamente en esa liga en la que juegan La conjura de los necios de John Kennedy Toole, o algunos pasajes absolutamente delirantes de la obra de César Aira o del Cervantes más subversivo y socarrón.

Lo cierto es que el humor fino aparece desde el primer momento hasta en la cuidadísima edición que ha hecho Víctor Gomollón para Jekyll & Jill: el libro está cubierto por unas tapas duras granates con las letras del título y el nombre del autor en caracteres dorados, lo que lo asemeja a una de esas ediciones “clásicas” que podíamos encontrar en casa de nuestros abuelos, o más bien lo asemeja a un misal romano; ambas hipótesis se confirman cuando descubrimos en la primera página una fotografía del propio Paco Inclán, vestido de riguroso negro, en una pose que hibrida la expresión corporal de un seminarista a punto de ser ordenado sacerdote y la seriedad conspicua con la que eran retratados autores pretéritos.

En cualquier caso, la efigie parece decirnos: permítanme que venga a ejercer de concelebrante en el agradecido rito de hacerles reír y lo haré a través de un método que no está nada de moda en este mundo en el que todos nos esforzamos por guardar las respetables apariencias: riéndome, en primer lugar, de mí mismo. Es esta la tónica dominante de todas las crónicas que componen Incertidumbre: el autor —cual Buster Keaton o Jacques Tati— se coloca en el centro mismo del huracán, su presencia (a veces su torpeza innata, a veces un desmedido afán por llegar hasta las últimas consecuencias del tema que investiga) desencadena que el Otro se active, cuente, empatice y se revele con el riesgo implíIncertidumbrecito de lo que, en ocasiones, eso conlleva. La búsqueda de una Verdad más allá de lo aparente puede terminar —como de hecho termina— al punto de que al sagaz Paco terminen pegándole una hostia o dándole por el culo. No exagero.

Las distintas ubicaciones geográficas (Irlanda, Formentera, Guinea Ecuatorial, Portugal, Islandia, Chile, Dajla, o la no menos exótica Alcobendas)  por las que se mueve el autor dejan entrever un espíritu de viajero impenitente que pretende ampliar el mapa y el territorio de la única manera posible: transitando siempre de lo externo a lo interno (se podría leer toda la obra como un debate profundo acerca del tema de la identidad: ¿quién soy?, y de la otredad: ¿quién es mi congénere?), son viajes contados por un singular peregrino o un caballero andante que se empapa de todo al tiempo que lo relaciona con lo que lleva ya acumulado de polvo del camino.Completa la presente edición el cuaderno de campo Hacia una psicogeografía de lo rural, el desopilante intento de trasladar las teorías situacionistas de Guy Debord a la rururbana aldea de Valladares —ni rural, ni urbana, la expansión de Vigo se la ha comido prácticamente convirtiéndola en una especie de aldea-dormitorio— todo en el marco de una estadía en la residencia artística Alg-a Lab. Inclán emplea para esta sección otro tono, aparentemente más solemne, a mitad de camino entre el diario reflexivo y el catálogo de una exposición de arte contemporáneo, lo que no abandona es el regalo continuo de situaciones descacharrantes a la altura del mejor Buñuel (ese momento en el que monta un
happening subido a un hórreo), o diálogos que parecen sacados de los Monty Python (“Vigo comienza a tres kilómetros de Vigo”, “No, Vigo comienza en un concesionario de coches”).

Lo cierto es que la lectura de Incertidumbre ha supuesto una bocanada de aire fresco o un dulce paréntesis, puesto que acababa de terminar las Obras completas de Osvaldo Lamborghini y lo empalmé con ese otro descenso a los abismos que es el Diario de Juan Bernier (Pre-textos, 2010, próximamente). Fue agua de mayo en pleno junio. Y bien, si este verano quieren que les dé un ataque de risa en plena playa o en la piscina, Paco Inclán es el autor a seguir.

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Tantas mentiras de Paco Inclán en el Diario Veracruzano (México)



Tantas Mentiras Paco InclánMayra Goxcon reseña Tantas mentiras de Paco Inclán en el Diario Veracruzano

Entre el periodismo y la ficción: ​Tantas mentiras
Si andan en busca de un texto que rete su intelecto y a la vez les divierta Paco Inclán escribió  estás doce de actas de viaje y novela para su deleite.
Aunque no se trata del primer trabajo publicado del valenciano, ya que le anteceden La solidaridad no era esto (La Tapadera, 2001), El País Vasco no existe (La Tapadera, 2004), La vida póstuma (Fides Ediciones, México D. F., 2008) y Hacia una psicogeografía de lo rural (Fundación Campo Adentro, Madrid, 2011).
Es en 2015 cuando hace mancuerna con JEKYLL & JILL y vaya el resultado, un libro lleno de paisajes, cotidianidad y mucho absurdo. Vale la pena seguirle la pista tanto a la editorial como al escritor.
Letras que hablan desde la mirada de un narrador bien intencionado, protagonista  de un viaje constante; me encanta el detalle de incluir al comienzo de cada capítulo  un mapa del lugar donde a continuación sucederán las cosas más extrañas que te puedas imaginar ¡ojo! Nunca sabrás dónde empieza o termina la delgada línea entre lo real y lo irrisorio, que si la Dirección General de Extranjería de Ecuador o su propio chubasquero lo toman como rehén, que si sus hemorroides son el único tema que lo une a una vieja amistad de su pueblo, etc.

Le tengo particular aprecio a Paco, a quien algún día oír decir “solo soy un hombre de mi pueblo que escribe” y sí que tiene razón, porque sus relatos están cargados de intimidad y complicidad, cual amigo que se sienta una tarde a charlar de su más reciente aventura.

Magistralmente, ya al final de la obra se puede encontrar su primera “novela” acompañada de una descripción de su proceso creativo, de cómo una frase puede albergar tanto significado.

Los invito a leer todas y cada una de las mentiras que Paco Inclán ofrece en estás 171 páginas, conforme los capítulos avancen les dejará de importar y comenzarán a reír.

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Incertidumbre

Isabel Parreño reseña Incertidumbre de Paco Inclán



Incertidumbre

Isabel Parreño reseña Incertidumbre, de Paco Inclán, en la revista Vísperas:

La lectura de las primeras páginas de Incertidumbre de Paco Inclán no deja lugar a dudas sobre lo acertado del título. Porque es esa y no otra la sensación de inquietud, desasosiego o recelo que cerca al protagonista-narrador en la mayoría de los relatos que componen el libro. Publicado en 2016 por Jekyll & Jill, la edición responde al esmero y buen gusto que caracterizan a la editorial zaragozana.

El libro engarza varias historias breves y un relato final algo más extenso que podrían situarse a medio camino entre la crónica periodística, el cuaderno de viaje y el diario personal. La «incertidumbre» que puede asaltar al lector en sus inicios sobre lo que tiene entre manos se disipa velozmente ante el desparpajo con el que Paco Inclán maneja los resortes de la narración. El estilo periodístico contribuye en algunos casos al distanciamiento paródico con los hechos narrados, siendo el humor uno de los recursos más interesantes y atractivos de la obra.

¿Pero qué puede llevar al protagonista desde Alcobendas a Guinea Ecuatorial, o desde Islandia a Menorca, pasando por Chile? Desplazamientos geográficos tan dispares responden también a movimientos vitales no siempre justificables desde un punto de vista sensato. Ese es, a mi parecer, el mayor encanto del libro: mostrar las contradicciones, lo absurdo, lo disparatado de algunas situaciones de la vida, el esfuerzo inútil por domesticar y clasificar la realidad cuando ésta supera con creces cualquier ficción. El cuaderno de viaje pierde en parte su esencia descriptiva para convertirse en un análisis antropológico de la cambiante naturaleza humana. Porque no son los paisajes o las peripecias de la expedición lo que interesa al protagonista sino el retrato del individuo, sus motivaciones, su comportamiento, sus reacciones… El extrañamiento producido por la mirada del narrador proporciona, dentro de su innegable subjetividad, la perspectiva del extranjero, la del que da un paso atrás para contemplar con curiosidad el extenso panorama de los seres que habitamos la tierra.

La huida parece ser el motor de «Dar la cara por Irlanda» y «Relecturas de Julio Verne». En el primer caso, la huida de una relación sentimental fracasada acaba con el protagonista en un pub irlandés viendo la final del campeonato de fútbol gaélico. La ilusión de unidad entre católicos y protestantes frente al evento deportivo se disipará con la misma rapidez que los efectos de la borrachera. En el segundo caso, evitar las fiestas falleras es el punto de partida para refugiarse en la isla de Formentera. El descubrimiento de prácticas homosexuales furtivas en el Faro de la Mola —lo que se conoce como cruising— y su relación con Julio Verne es suficiente acicate para adentrarse en tan rocambolesca aventura.

Los encargos profesionales más o menos difusos relacionan otras dos historias. En «Cosmovisiones» es la cobertura del Festival Internacional de cine en Dajla, Sahara, lo que le permitirá al narrador comprobar de primera mano si la costumbre de eructar en la mesa significa un cumplido para las costumbres árabes.

La segunda tarea encomendada, la de realizar un reportaje sobre un histórico equipo de fútbol guineano, acaba en el olvido al conocer a un español, el único blanco de la población de Rebola. El personaje, un albañil bravucón víctima del descalabro inmobiliario del levante español, ha llegado a mimetizarse con la vida y costumbres del país de un modo tan sorprendente que fascina y cautiva al protagonista.

Otro grupo de relatos obedecen a empeños personales más o menos explicables. Llegar hasta la perdida población de Reykholt con la pretensión de conocer al escritor más famoso de Islandia puede ser una buena forma de matar el tiempo en las últimas horas de estancia en el país. Comprobar que se trata de un escritor medieval convierte la tarea en «crónicas que no serán». Desvelar el paradero del «otro brazo» de San Vicente en Braga, o entrevistarse con Paulino Cubero, el autor de la letra del himno español, dibujan recorridos más o menos azarosos cuyos resultados serán siempre insospechados.

Mención especial merece a mi juicio Munificencia, una irónica y desternillante descripción de una velada con la familia Cárdenas en Chile. Atrapado por el exceso (de comida, de atenciones, de halagos) el protagonista me ha recordado el genial cuadro de costumbres de Larra titulado «El castellano viejo».

El último capítulo lo ocupa la narración más extensa: «Hacia una psicogeografía de lo rural». El texto, autodenominado cuaderno de campo, recoge a modo de apéndice una experiencia artística llevada a cabo en una parroquia de Vigo. Auspiciado por el colectivo Alg-a Lab, la Fundación Campo Adentro y el Museo Reina Sofía el narrador nos traslada el proceso vital experimentado durante su estancia de tres meses en un entorno rural vecino a una gran urbe, experiencia que le sirve para teorizar sobre los conceptos situacionistas acuñados por Guy Debord.

Según explica, la psicogeografía se basa en el estudio de los efectos y las formas del ambiente geográfico en las emociones y comportamiento de las personas. Para llevar a cabo esta experiencia, el autor se instala en un contenedor situado en una población periférica de Vigo. El método utilizado para recabar experiencias consiste en deambular sin rumbo fijo, abierto a sorpresas y situaciones no buscadas. Las anotaciones en el diario del artista constituyen una sabrosa narración, hilarante por momentos, de sus encuentros con los paisanos, su desesperación ante el rechazo de la comunidad o la feliz culminación del experimento.

Llegado a este punto no puedo sino confesar mi perplejidad ante lo que consideré el relato más disparatado, más paródico e imaginativo de todo el libro. Aclararé que vivo en Vigo y, llevada por una curiosidad de último momento, tecleé en Google tan bizarro experimento para comprobar que, en efecto, la noticia era recogida por el periódico local el 11 de septiembre de 2011.

La realidad al servicio de un modelo de ficción posible, la ficción transformada en expresión de una dimensión humana transcendente. ¿Existe un juego más literario que el que nos propone Paco Inclán?

En definitiva, es Incertidumbre un libro para celebrar sin prejuicios: divertido, íntimo por momentos, socarrón y desmitificador. Un libro imposible de etiquetar, desconcertante, contradictorio y tierno. Un libro por el que transita libre la melancolía porque, algunas veces, todos podemos encontrarnos perdidos… «pero sin derivas sin milongas».

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Incertidumbre de Paco Inclán recomendado en los diarios del grupo Promecal



: BUZON SPC : SOCIEDAD 12 DOMINICAL

Incertidumbre, de Paco Inclán, recomendado en la sección de Libros de los diarios del Grupo Promecal (La Tribuna De Albacete, Diario de Ávila, Diario de Burgos, La Tribuna de Ciudad Real, Diario Palentino, La Tribuna de Toledo, La Tribuna de Cuenca, La Tribuna de Guadalajara, El Dia de León, El Dia de Salamanca, El Día de Segovia, El Día de Soria, El Día de Valladolid).

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Tantas Mentiras Paco Inclán

Tantas mentiras de Paco Inclán en Especulacions d’un Neanderthal

Jordi Sellarès reseña Tantas mentiras (2015), el primer libro que Jekyll & Jill publicó de Paco Inclán. Luego, en 2016, llegó Incertidumbre.

Perplexitat quotidiana

Si entenem la literatura, essencialment, com l’art d’explicar, de forma exagerada, un fet més o menys conegut o una anècdota, podem afirmar sense por a equivocar-nos que aquest Tantas Mentiras de l’escriptor i periodista valencià Paco Inclán (1975) n’és un dels exemples més fins. Perquè les històries aquí recollides parteixen d’anècdotes i vicissituds viscudes pel propi autor al llarg dels anys en diferents experiències com a periodista en diferents latituds: Mèxic, Galícia, el Sàhara Occidental, Colòmbia, Equador o al seu propi poble del País Valencià. I totes amb l’exageració com a bandera.
Paco Inclán a vegades en té prou amb un fet concret per fer-hi girar tota una història al seu voltant, vestint-la adequTantas Mentiras Paco Inclánadament amb ambientació, personatges i diàlegs especials i memorables, absurditat i patetisme, unes gotes de mala llet i molt d’enginy i mordacitat, quan cal. Des del caos que es pot generar al voltant de les dificultats per obrir del tot la cremallera d’un impermeable fins a un estrany i kafkià estudi sociològic dut a terme en un llogarret gallec. Tant es planta en un acte zapatista en ple Zócalo del D.F., a mig camí entre l’acte polític i la xarlotada per a groupies, com en un festival de cinema en un camp de refugiats saharauis on tota la premsa espera l’arribada, en un clima de tensió creixent, de la gran estrella del cel·luloide.  Ens mostra què pot passar a les nits xafogoses i solitàries en un tuguri de la frontera entre l’Equador i Colòmbia, el laberint d’obsessió malaltissa d’un català per la pilota basca internacional i la pèrdua de papers col·lectiva al més pur estil Monthy Python en una ambaixada equatoriana de la mà d’un heterogeni grup d’aspirants a Julian Assange. O com de ràpid poden canviar les tornes quan es participa, gairebé sense voler-ho, en una conxorxa amb un grup mexicà de suport Corea del Nord, quan les casualitats i els malentesos poden portar a la paranoia i al patir per la pròpia vida. Tantas mentiras acaba amb un apèndix, la primera novel·la de l’autor, una crònica del procés de (de)construcció d’aquesta.

Totes les històries que apareixen en aquest recull estan a mig camí entre la crònica i la ficció autoreferencial, el propi Paco Inclán n’és el protagonista, tot li passa a ell; ell és el testimoni d’unes situacions quotidianes on allò grotesc esdevé quotidià i on tot està narrat des de la perplexitat de veure’s, molts cops, superat per les circumstàncies. També són les típiques històries, unes més versemblants que d’altres, que et podria explicar algun amic que acaba de tornar de viatge i que fa temps que no veus, entre cerveses i cigarrets, fent-vos un fart de riure. I és que aquesta és una altra de les grans virtuts d’aquests relats: entren sols, són àgils, carregats de mordacitat, sentit de l’humor i del patetisme que traspuen les situacions «reals». Paco Inclán aconsegueix fer-nos creure aquestes històries, fer-les passar per reals. Perquè, són reals? O són tot mentides, pura invenció? La veritat és que és indiferent si tot plegat són històries inventades a partir d’un (remot) fet real, perquè l’autor ens engalipa i ens hi trobem bé, ens agrada sentir-les. Igual que amb les històries que el col·lega ens explica al bar, sabem que gran part del que ens diu pot ser mentida però ens ho passem tan bé sentint-lo que el que menys ens importa és saber si ens està prenent el pèl o no.

Un gran recull d’històries d’un gran narrador que acabo de descobrir gràcies a la recomanació d’un dels meus amics lectors/prescriptors de capçalera. Arribat aquí no puc fer més que recomanar-lo jo també. I molt.

Perplejidad cotidiana

Si entendemos la literatura, esencialmente, como el arte de explicar, de forma exagerada, un hecho más o menos conocido o una anécdota, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que este Tantas Mentiras del escritor y periodista valenciano Paco Inclán (1975) es uno de los ejemplos más finos. Porque las historias aquí recogidas parten anécdotas y vicisitudes vividas por el propio autor lo largo de los años en diferentes experiencias como periodista en diferentes latitudes: México, Galicia, el Sahara Occidental, Colombia Ecuador o en su propio pueblo del País Valenciano. Y todas con la exageración como bandera.

A veces a Paco Inclán le basta con un hecho concreto para hacer girar toda una historia a su alrededor, vistiéndola adecuadamente con ambientación, personajes y diálogos especiales y memorables, absurdidad y patetismo, unas gotas de mala leche y mucho ingenio y mordacidad cuando es necesario. Desde el caos que se puede generar en torno a las dificultades para abrir del todo la cremallera de un chubasquero hasta un extraño y kafkiano estudio sociológico llevado a cabo en una aldea gallega. Tanto se planta en un acto zapatista en pleno Zócalo del DF, a medio camino entre el acto político y la charlotada para groupies, como en un festival de cine en un campo de refugiados saharauis donde toda la prensa espera la llegada, en un clima de tensión creciente, de la gran estrella del celuloide. Nos muestra qué puede pasar en las noches bochornosas y solitarias en un tugurio de la frontera entre Ecuador y Colombia, el laberinto de obsesión enfermiza de un catalán por la pelota vasca internacional y la pérdida de papeles colectiva al más puro estilo Monty Python en una embajada ecuatoriana de la mano de un heterogéneo grupo de aspirantes a Julian Assange. O cómo, rápidamente, pueden cambiar las tornas cuando participa, casi sin quererlo, en una conjura con un grupo mexicano de apoyo a Corea del Norte, cuando las casualidades y los malentendidos pueden llevar a la paranoia y a sufrir por la propia vida. Tantas mentiras termina con un apéndice, la primera novela del autor, una crónica del proceso de (de)construcción de ésta.

Todas las historias que aparecen en esta recopilación están a medio camino entre la crónica y la ficción autorreferencial, el propio Paco Inclán es el protagonista, todo le pasa a él; él es el testimonio de unas situaciones cotidianas donde lo grotesco deviene cotidiano y donde todo está narrado desde la perplejidad de verse, muchas veces, superado por las circunstancias. También son las típicas historias, unas más verosímiles que otros, que te podría explicar algún amigo que acaba de regresar de viaje y que hace tiempo que no ves, entre cervezas y cigarrillos, acompañadas de un ataque de risa. Y es que esta es otra de las grandes virtudes de estos relatos: entran solos, son ágiles, cargados de mordacidad, sentido del humor y del patetismo que rezuman las situaciones «reales». Paco Inclán consigue hacernos creer estas historias, hacerlas pasar por reales. Porque, ¿son reales? O son todo mentiras, pura invención? La verdad es que es indiferente si todo son historias inventadas a partir de un (remoto) hecho real, porque el autor nos embauca y nos encontramos bien, nos gusta sentirlas. Al igual que con las historias que el colega nos cuenta en el bar, sabemos que gran parte de lo que nos dice puede ser mentira pero nos lo pasamos tan bien sintiéndolo que lo que menos nos importa es saber si nos está tomando el pelo o no.

Un gran recopilación de historias de un gran narrador que acabo descubrir gracias a la recomendación de uno de mis amigos lectores / prescriptores de cabecera. Llegado aquí no puedo hacer más que recomendarlo yo también. Y mucho.