Discurso de Rafael Soler sobre Lejos de todo de Rafa Cervera

Discurso del escritor Rafael Soler sobre la novela Lejos de todo, de Rafa Cervera

Entrega de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana 2018, Casa de la Cultura de Rocafort, Valencia, 29 de septiembre de 2018

Rafael Soler
Rafael Soler

David Bowie, grande entre los grandes, nos dejó en la que sería su obra póstuma Lazarus estas palabras: «Tengo cicatrices que no se ven. / Poseo el drama, nadie puede robármelo. / Todos me conocen ya.» Todo escritor que merezca ese nombre escribe desde sus obsesiones, y siempre desde las cicatrices con que la vida premia a los audaces: el desdén de una mujer a su tacón encaramada, la traición de quién abusó de tu confianza a mitad del viaje, pueden causar daños mayores que la pala de un helicóptero en combate, y de eso va la vida, y de eso va también escribir para contar sus consentidos atropellos. Digámoslo cuanto antes: Rafa Cervera es escritor de una pieza, que nos ofrece en Lejos de todo su personal imaginario, su mirada del mundo y su verdad. El Saler, Valencia hecha barrio y cercanía, un cantante mítico, un amor en sus hilvanes, el lenguaje con mando en plaza tallando las 132 páginas de una historia profunda y leve, si me permiten tan contradictoria afirmación, primorosamente editada por Jekyll & Jill, al cuidado siempre de Víctor Gomollón, que hoy nos acompaña. Enhorabuena, Víctor, por la parte que te toca, y nuestra felicitación también a Roberta Marrero, audaz autora de la portada.

Si escribir es una larga paciencia y un acto de legítima defensa, cuajar una buena historia un accidente afortunado, publicar un albur con castañuelas, y encontrar un lector que sintonice con lo escrito la mejor de las críticas, Rafa ha coronado tan intenso y largo viaje con este merecido Premio de la Crítica Literaria Valenciana, bien acompañado por afines con obras muy notables, como así fue reconocido en la deliberación final por todos los miembros del Jurado.

Sobre la novela y su urdimbLejos de todore afirma Eduard Almiñana:

«El uso de El Saler como escenario para descubrimientos juveniles y revelaciones es un gran acierto de Cervera:  El Saler es extrañeza, silencio, caminos vacíos, rumor cercano de un mar otoñal sin bañistas; un paisaje con un halo sobrenatural al que el protagonista de la novela vuelve y volverá como se nos confiesa, porque en cierta manera él pertenece a todo aquello “lo mismo que esas pobres palmeras solitarias, la hiedra que trepa adueñándose de los pinos o el eterno reflejo del cielo sobre el agua”. Bowie, desde el póster que decora su habitación de adolescente, es una mano tendida para una fuga al espacio exterior más allá de esas dunas y árboles que más que enjaularle, en realidad, le sirven de parapeto. Quizás por eso, en el fondo, la fuga no sea más que otra de esas promesas necesarias para hacer de contrapeso a la inercia, un propósito difuso que uno ni puede ni quiere cumplir».

No se trata aquí y ahora de hacer un spoiler de la novela, pero sí adelantaré que nos lleva al verano de 1977, que juega el amor adolescente y sus ensoñaciones un papel importante, que no todos los sueños se cumplen, y que está escrita por —y aquí acudo a la página 131, cuando ya todo es postrimería— «un narrador sin nombre, escuchando el trazo de mi propia escritura sobre el papel mientras la noche se dispone a borrar todo lo que existe durante el día. Escribo esta historia porque escribir es la única formula para que las piezas encajen y el pasado adquiera sentido».

Rafa Cervera. Foto: ©Fotolateras

Pocas veces en la vida de un escritor, muy pocas, las piezas encajan con tanta rotundidad, con tan inteligente solvencia como en este artefacto en apariencia inofensivo que es Lejos de todo. «Decidí sin dudarlo publicar este libro», confiesa Víctor Gomollón, «por culpa de los destellos de los cristales rotos en el suelo del hotel de Helsinki, por la curiosidad inagotable en la mirada de un Bowie de pelo llameante y por el bañador de lycra negro de Cala Cervera. En ella, y a través del objetivo de un tomavistas, se da toda la nouvelle vague. El siglo XX. La alta y baja cultura. El pop. La experiencia vital de cada uno de nosotros. En Lejos de todo, esta Bildungsroman o novela de aprendizaje, el tiempo pasa más lento. Pertenece a ese estado contemplativo-activo de la adolescencia que algunos, con los años, casi habíamos olvidado. No es casual que El Saler, la Albufera y los paisajes urbanos de la ciudad de Valencia se describan en este libro como un estado de ánimo, dentro de ese extraño accidente orgánico puntuado que es la adolescencia, donde los mitos conforman la identidad del individuo».

Termino, que hay cola. ¿Qué es el arte de perpetrar una buena novela sino una respiración acompasada, en la que todo —vida, experiencia, temblor, obsesiones, dudas perennes— puede ser invocado?    Hay novelas que brindan entre sus páginas el regalo de un párrafo magistral, un capítulo incluso si el viento sopla a favor; otras piden una lectura cuidadosa por su alambicado andamiaje; otras, algunas, entiéndaseme bien,  quinientas páginas, tapa dura y veinticinco eurazos de vellón, ofrecen un contenido inane que deja frío al lector, cuando no titiritando. Y luego están Rafa y este alarde, Rafa y su mundo, Rafa y su honesta manera de escribir Lejos de todo que ha sido, hasta el momento, su mejor manera de estar cerca de nosotros.

Enhorabuena, amigo Rafa, y mucho éxito en próximos empeños.

RAFAEL SOLER