Biblioteca bizarra de Eduardo Halfon en Boulevard Literario

eduardo halfon
Olga Vallès reseña Biblioteca bizarra, de Eduardo Halfon, en Boulevard literario:
Un orondo pistolero matón que luce una estridente camisa amarilla y un pantalón acampanado rojo, nos desafía desde la cubierta del último libro de Eduardo Halfon. Llegamos a él después de la sobria y elegante edición de esa absoluta belleza de texto que es “Saturno” y el contraste entre la portada de éste y la colorida imagen de Biblioteca bizarra no puede ser más desconcertante. Como es aconsejable hacer siempre con los libros publicados por Jekyll & Jill, hay que sacar  cubiertas y explorar a fondo el libro. Siempre hay sorpresas. Gratas y originales. Este pequeño volumen no es una excepción. Las portadas son amarillas y en un periodístico collage se recogen distintas acepciones del término “bizarro” ¿Pero qué tenemos exactamente entre manos? ¿Dónde está ese Halfon delicado y grave, conmovedoramente sobrio que conocimos en lecturas anteriores? Pues leyendo las 6 crónicas que componen Biblioteca bizarra, ese Halfon que tanto nos gusta está ahí mismo. Lo único que ha pasado es que, posiblemente confabulado con su editor, ha dejado volar su vena más lúdico-festiva, jugando ingeniosamente con nosotros al equívoco, que no, al engaño.
Empezar a leer “Biblioteca Bizarra, el primero de los textos que da título al libro, significa relajarse y respirar tranquilos. Es empezar a leer y dejarse llevar a través de una interesante visita por curiosas bibliotecas personales seleccionadas por el autor que dan pie a las primeras reflexiones sobre el papel del escritor y la literatura.
¿Debe la literatura reflejar la realidad, comprometerse con ella, denunciar lo denunciable? ¿Hasta qué punto el escritor solo debe ficcionar o debe implicarse en la realidad que conoce?
En “Los desechables”, la segunda crónica de Biblioteca bizarra, el autor establece un diálogo con las voces marginadas y olvidadas de la sociedad, un diálogo entre realidad y literatura, entre el escritor y la vida. Halfon hurga en el drama cotidiano y las miserias de unos individuos perdidos por causa propia o ajena y de ese contacto, del intercambio de presuntas preguntas y respuestas, la empatía y la humanidad trascienden más allá de las palabras.
En “Halfon, Boy”, esa profunda humanidad enlaza con la condición cercana del propio escritor que va a ser padre. Asistimos al despliegue de un preciso y precioso andamiaje literario en el que se van alternando las reflexiones entorno a la obra del poeta Williams Carlos Williams que Halfon está traduciendo, con los miedos e ilusiones que le genera la responsabilidad de su próxima paternidad.
El niño siempre presente. El que va a tener y el que él mismo ha sido. La infancia como lugar de búsqueda y encuentro. Recuerdo y evocación de un tiempo en el que el escritor va en busca de sus orígenes, como persona y como literato. Así, en “Saint-Nazaire” y “La memoria infantil”, la escritura adquiere dimensión de respuesta, explicación y posible redención, paseo por los recuerdos y las imágenes recuperados del pasado a partir de pequeños destellos de la memoria sobre los que se proyecta y construye el relato, el artefacto narrativo que cobra todo su sentido.
Por desgracia, Biblioteca bizarra se nos está acabando. No queremos abandonar sus páginas, demoramos el final  y sentimos ya la necesidad de una segunda relectura. Cierra el libro, “Mejor no andar hablando demasiado”, donde percibimos y recuperamos la imagen de la cubierta, volvemos al chulesco personaje que pistolón en mano nos recibía en la portada y su presencia cobra sentido.
El miedo y la amenaza consiguen callar bocas, silenciar plumas y quemar papel, pero allí donde haya un escritor, y si ese escritor es Eduardo Halfon, seguro que siempre habrá un lugar, aunque sea lejos de sus raíces, en el que pueda encontrar su propio “pedacito árido de tierra” para seguir hilvanando retazos de memoria que se conviertan en literatura.