Fábula de Isidoro en El Periódico Mediterráneo

Fábula de Isidoro Julio Fuertes Tarín

Eric Gras reseña Fábula de Isidoro, de Julio Fuertes Tarín, en la revista Cuadernos de El Periódico Mediterráneo.

No será la primera vez, ni la última, que dedique un significativo número de elogios y alabanzas a la editorial Jekyll & Jill por publicar lo que yo llamo “locuras ingeniosas”. Su catálogo es atrevido, descarado, gallito incluso. Publican, y perdonen la expresión, lo que les viene en gana. Eso sí, con el convencimiento de que la literatura de nuestros días se desembarace de todo prejuicio, que se libere de algún modo de cualquier atadura capciosa propia de aquellos que creen que el lenguaje es todo raíces inamovibles.

Algunas de las lecturas más complejas, insólitas y raras que he tenido el placer de paladear son obras publicadas en este sello zaragozano y caprichoso. El pasado mes de abril, imagino que con ese espíritu un tanto kamikaze que les caracteriza, decidieron sacar a la luz dos de esas obritas extravagantes a la vez: ‘Magistral’, de Rubén Martín Giráldez; y ‘Fábula de Isidoro’, de Julio Fuertes Tarín. Ni qué decir tiene que el impacto ha sido mayúsculo, generando debates por doquier. Y yo que me alegro, oigan. Del primer título no diré nada, no aquí. Del segundo sí voy a ocuparme, pues reconozco que he vuelto a quedarme perplejo ante la originalidad de una obra que no sé muy bien cómo explicar.

Todos sabemos que una fábula es una pieza literaria, breve, cuyos personajes principales son animales o cosas inanimadas que presentan características humanas. Pues bien, Fuertes Tarín se vale de esa composición para presentar una debacle mayúscula, un relato protagonizado por un niño llamado Wynston que quiere ser titular en el último partido de fútbol del equipo de su colegio. Para ello debe acertar una quiniela y lo que este (pobre) chico no sabe es que a partir de ese momento toda su vida dará un vuelco de 180 grados hacia la locura máxima. En un ‘tres i no res’ es testigo directo del asesinato del presidente del gobierno, al tiempo que se topa con un ser un tanto sobrenatural llamado Isidoro que lo envuelve en una aventura bizarra donde hay tanques, soldados por todas partes, muerte y caos. La acción, sin saber muy bien cómo, se traslada de Madrid a Valencia y de ahí a Sevilla. Al niño le cambian hasta tres veces de nacionalidad y apellido y así es imposible aburrirse. Fuertes Tarín, qué bueno que viniste.